Un volcán, dos temblores y una alerta naranja: qué puede esperar Colombia de la reactivación del Nevado del Ruiz

Un volcán, dos temblores y una alerta naranja: qué puede esperar Colombia de la reactivación del Nevado del Ruiz
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El volcán Nevado del Ruiz no parece querer dar tregua a los habitantes de la zona. El jueves, nuevos movimientos de tierra recordaron a los presentes que la amenaza del volcán sigue presente.

Nueva actividad sísmica. El Servicio Geológico Colombiano (SGC) ha comunicado nuevos sismos en el área de influencia del Volcán Nevado del Ruiz y su entorno. El más significativo ocurrió ayer jueves a las 15:14 hora local (22:14 CEST), con una magnitud de 2,2 y cuyo epicentro estuvo a una profundidad de unos 5 kilómetros bajo Casabianca (Tolima).

A este pueden añadirse dos terremotos ocurridos en valles del entorno. El primero acontecido en Armero (Guayabal) a las 11:13, hora local (18:13 CEST), de magnitud 2,5. El segundo ocurrido en el Valle del Cauca a las 14:09, hora local (21:09 CEST), de magnitud 3,5.

Las últimas 24 horas han sido sísmicamente activas en el país latinoamericano más allá del entorno del Nevado del Ruis. El último y más intenso de los terremotos ha sido reportado esta madrugada (a la 1:05, hora local; 08:05 CEST) en el Complejo volcánico Chiles, en la frontera con Ecuador, con una magnitud de 3,8.

Continúa la alerta naranja. No parece por tanto que vaya a haber una mejora en la situación del volcán en los próximos días. Las autoridades mantienen el nivel naranja de actividad (lo que equipara a una “erupción probable en término de días o semanas”).

En el último boletín extraordinario del SGC (emitido el mismo jueves 4 antes de los últimos movimientos) el organismo habla de una actividad sísmica vinculada al movimiento de los fluidos en el interior de los conductos volcánicos. Estos movimientos de tierra también estarían vinculados con “emisiones pulsátiles de ceniza”.

Con respecto a las emisiones del volcán, también se explica que la desgasificación de dióxido de azufre continúa, así como la  salida de vapor de agua. La columna de gases y ceniza alcanza una altitud de aproximadamente 1,4 kilómetros.

Los lahares. Un término que ha adquirido cierta notoriedad en las últimas semanas, los lahares son flujos de lodo o avalanchas. Tal y como aclaró en un comunicado el SGC, los “lahares primarios” (su nombre técnico) surgen a causa “[del] derretimiento rápido del hielo y la nieve de los glaciares que cubren el edificio volcánico, a causa del material incandescente que sale del volcán al momento de la erupción”.

Este tipo de avalanchas implican un riesgo importante por las altas velocidades que alcanzan y la cantidad de material que pueden arrastrar. Prueba de ello es la tragedia de Armero, causada por la erupción del Nevado del Ruiz en 1985. Con 25.000 muertes, el recuerdo del evento aún conmociona a los locales.

Los lagares primarios deben ser distinguidos de los secundarios. Estos últimos ocurren “cuando material volcánico no consolidado (suelto), depositado en ciertos lugares por erupciones previas, es removilizado por la lluvia”, explica el SGC. Estos eventos son generalmente menos intensos que los primarios y el volumen de su descarga depende de la intensidad de las lluvias.

Ocho años en proceso. Desde que el volcán comenzara su proceso eruptivo en 2014, el Nevado del Ruiz se ha mantenido bajo la atenta mirada de los geólogos colombianos por el riesgo que implica. El aumento en la intensidad de este proceso comenzó en octubre del año pasado, pero fue ya a finales de marzo del año presente que los expertos cambiaron el estado de la alerta de amarilla a naranja.

Situado entre los departamentos de Tolima y Caldas, el Nevado del Ruiz es un estratovolcán (esto es, su estructura se compone de numerosos estratos geológicos). El volcán se alza a 5.321  metros sobre el nivel del mar, lo que lo hace visible incluso desde Bogotá si la meteorología lo permite.

Cuenta además con un cráter activo que supera los 800 metros, aunque el diámetro de esta formación geológica alcanza los 15 kilómetros. Se estima que, como volcán, data del Plioceno, hace cerca de 1,8 millones de años y debe su nombre al glaciar que lo corona y cuyo volumen alcanza la friolera de 1,2 kilómetros cúbicos.

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Imagen | Luis Alejandro Bernal Romero, CC BY-SA 2.0

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