Seguimos encontrando nuevas y fascinantes especies de animales. La pregunta es cuántos nos quedan por descubrir

Seguimos encontrando nuevas y fascinantes especies de animales. La pregunta es cuántos nos quedan por descubrir
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A lo largo de los últimos 10 años, exploradores del Schmidt Ocean Institute han observado distintos puntos del lecho oceánico en los que cientos de pulpos protegen sus huevos. Uno de los detalles más llamativos es que podemos estar ante una nueva especie de pulpo, lo que no deja de ser llamativo puesto que normalmente no somos conscientes del la gran cantidad de especies que se descubren cada año.

Según detallaron ya en un artículo publicado hace unos años, los pulpos que habían sido observados en las inmediaciones de fuentes hidrotermales situadas en el Océano Pacífico frente a las costas de Costa Rica, pertenecerían al género Muusoctopus, un tipo de pulpos descrito tan solo en 2004 que engloba a algo más de una veintena de especies conodidas.

Sin embargo es mucho lo que aún no sabemos de nuestro entorno y son muchísimas las especies de animales que aún tenemos por descubrir, a las que hay que sumar otros organismos como plantas, bacterias, u hongos.

Seguimos haciéndolo pese a que existe una cantidad finita de organismos y por tanto de especies en nuestro planeta; y llevamos ya siglos analizando y catalogando estas en base a criterios científicos. Quizá nunca lleguemos a conocerlas todas, al fin y al cabo, pese a su naturaleza finita, las especies aparecen y desaparecen sin parar. En estos tiempos, es más lo segundo que lo primero, eso sí.

Existe por esto cierta presión en la comunidad científica por descubrir, catalogar y estudiar especies. Un estudio en 2011 estimó que el número de especies eukariotas (organismos cuyas células contienen un núcleo definido y que abarca no sólo el reino animal sino también plantas, hongos y otras especies) aún por descubrir rondaba los 8,7 millones.

Esto implica que más del 80% de las especies eukariotas del mundo no estarían aún descubiertas o catalogadas. De entre las especies por encontrar 7,7 millones pertenecerían al reino animal, casi 300.000 al de las plantas y más de 600.000 al de los hongos, siendo el resto protozoos y cromistas. De estos organismos, 2,21 millones serían especies marinas.

Miles cada año

¿Y cómo vamos en esta cruzada por explorar? Mal, según los cálculos de los expertos. Cada año el ser humano descubre unas 18.000 especies, lo que implicaría que necesitaríamos más de 480 años para descubrir las restantes si mantuviéramos un ritmo uniforme de descubrimiento.

El problema es que, según los mismos expertos, el 75% de los 8,7 millones de especies por descubrir podrían acabar extinguidas en menos de 100 años. Estamos perdiendo esta lucha contra el reloj para entender mejor nuestro entorno: se estima que necesitaríamos multiplicar por 10 nuestro esfuerzo en descubrir nuevas especies si queremos lograr llegar a conocer una amplia mayoría de estas especies aún por etiquetar.

Por si esto fuera poco, cabe recordar que existen numerosas especies a las que catalogamos y luego no volvemos a ver. Especies quizá extintas de las que no tenemos suficientes datos como para certificar su desaparición. En ocasiones “vuelven a la vida”, y en ocasiones pasamos a asumir que desaparecieron realmente. Existen unas 2.100 especies en este limbo ecológico.

¿Y para qué tanto esfuerzo? Más allá de saciar la curiosidad, descubrir nuevas especies puede resultar de gran utilidad para las personas. Descubrir nuevas especies puede facilitarnos hallar compuestos potencialmente beneficiosos para el ser humano. Fármacos tan populares como el ácido acetilsalicílico y la penicilina son sintetizados de forma natural por seres vivos y fueron descubiertos gracias a ello.

La información genética de nuevas especies también está adquiriendo valor para los expertos en biotecnologías. Esta información puede también ayudarnos a sintetizar moléculas a las que luego dar aplicaciones en el campo de la farmacología u otro distinto.

En general, entender la genética de lo que nos rodea también puede ayudarnos a resolver cuestiones más filosóficas sobre el lugar del ser humano en el mundo. Estas ya son preguntas de gran calado que seguramente nunca logremos contestar del todo. Entretanto podemos deleitarnos con algunas de las especies nuevas que vamos descubriendo. Ya sean pulpos, orangutanes, o incluso uno de nuestros animales favoritos: tardígrados.

En Xataka | Los pulpos no son extraterrestres, y los científicos han tenido que salir a explicar por qué

Imagen | Schmidt Ocean Institute

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