La respuesta a una red eléctrica saturada son las centrales de bombeo. Pero tenemos un problema para construirlas

La respuesta a una red eléctrica saturada son las centrales de bombeo. Pero tenemos un problema para construirlas
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La irregularidad de dos de las grandes energías renovables, solar y eólica, hace necesaria la creación de sistemas de almacenamiento de la energía que ayuden a estabilizar la oferta, pero algunos proyectos se han estancado ante una traba burocrática: según la legislación tenemos demasiada energía.

Una central sin enchufe. El proyecto para la creación de una central hidroeléctrica reversible en Estercuel (Teruel) se ha topado con un bache insospechado según ha denunciado la empresa responsable del proyecto, Atalaya: que producimos demasiada energía.

El proyecto cuenta hoy por hoy con buena parte de la infraestructura construida (aprovecha un embalse de agua ya existente) y cuenta con el aprobado ambiental por parte del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA). Aun así la futura central se enfrenta a un bloqueo ya que, explica la empresa, con cuenta con puntos de conexión a la red eléctrica.

Una tecnología estratégica. Las centrales hidroeléctricas de bombeo o reversibles son centrales eléctricas que cumplen a la vez la función de baterías gravitacionales: mecanismos capaces de almacenar energía eléctrica gracias a la gravedad. Estas centrales son las baterías más eficientes con las que contamos a la hora de almacenar la energía sobrante de energías no regulables como solar y eólica.

La mecánica de las centrales reversibles es simple. Estas estaciones cuentan con dos depósitos de agua situados a dos alturas distintas. Cuando sobra energía, ésta se utiliza para accionar una bomba que mueve el agua del depósito inferior al superior.

Cuando la demanda energética aumenta, Se abren las compuertas y el agua del depósito superior se canaliza hasta el inferior. Por el camino acciona una turbina que devuelve la energía a la red eléctrica. Las centrales de bombeo no solo los únicos diseños de batería gravitacional pero sí son la opción más extendida.

La central de Estercuel. En el caso de la central turolense, el proyecto reacondiciona las instalaciones de la antigua mina de carbón a cielo abierto de Estercuel para servir de depósito inferior del sistema. Balsa que ya contiene el agua suficiente como para accionar la central, es decir, tan sólo requeriría agua para compensar su evaporación.

Según explica la empresa, la ya existente balsa está situada a 732 metros, y sería complementada por un depósito superior a 1.030 metros de altitud y por el sistema de bombeo y generación pertinente.

Una maraña kafkiana. El problema de la conexión es principalmente que la estación de Estercuel es, a efectos burocráticos, una central de generación eléctrica y no de almacenamiento. 

Hay una paradoja que es la que otorga una dimensión kafkiana. El problema, denuncia la empresa, es que la red ya cuenta con un exceso de fuentes de energía que podrían bloquearla en horas de alta generación. Pero es precisamente en estos picos productivos cuando las plantas como las de Estercuel absorben este exceso de oferta. Estas plantas no solo no saturan la red sino que ayudan a regularla y estabilizarla.

La denuncia por parte de Atalaya viene de lejos. Ya en febrero la patronal de empresas del sector del almacenamiento de energía, ASEALEN, instaba al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a revertir esta situación de bloqueo.

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