Hemos encontrado por casualidad un agujero en el fondo del océano: el Oasis de Pythia

Hemos encontrado por casualidad un agujero en el fondo del océano: el Oasis de Pythia
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Existe un punto de la Tierra donde el agua dulce fluye al mar en una especie de cascada invertida, filtrándose desde un pequeño grupo de agujeros hacia lo más profundo del mar. El Oasis de Pythia se encuentra cerca de la costa oeste norteamericana y puede ayudarnos a comprender un poco mejor cómo se producen los terremotos.

Un oasis en el fondo del mar. n la zona de subducción de Cascadia, una falla situada frente a la región de la costa oeste norteamericana entre el norte de California y la Isla de Vancouver, un grupo de investigadores ha encontrado un extraño accidente geológico: unos agujeros en el fondo marino desde los que emana agua del interior de la Tierra hacia las profundidades del Pacífico.

El singular paraje submarino se encuentra concretamente a unos 80 kilómetros de la costa norteamericana, a un kilómetro de profundidad, y se extiende a lo largo de 1,5 km de suelo marino.

Su apariencia es semejante a la de algunas fuentes hidrotermales, pero lo que hace interesantes a estos agujeros es que el fluido que contienen actúa como una especie de colchón de aire entre las dos capas tectónicas que se encuentran en el lugar.

Descubrimiento casual. El hallazgo de esta “cascada” submarina fue, como tantos otros, casual. Lo realizó la tripulación del buque oceanográfico R/V Thomas G. Thompson. El sonar de la nave mostró las columnas de burbujas que emanaban desde el interior del lecho marino. Tras este descubrimiento inicial, el área fue explorada por investigadores a través de robots sumbarinos.

Estos análisis mostraron que las burbujas no eran lo único que se desplazaba por estas columnas, sino que estaban principalmente compuestas por un fluido “químicamente diferenciable” del agua marina del entorno. El fluido, además circula a una temperatura 9º Celsuis más alta que su entorno. Según los cálculos de los investigadores, su procedencia está en un área cuya temperatura podría estar entre los 150 y 250ºC.

“Exploraron en esa dirección y lo que vieron no era sólo burbujas de metano, sino agua saliendo del lecho marino como una manguera de bomberos. Eso es algo que nunca había visto, y que hasta donde yo sé, nunca se había observado antes” explicaba en una nota de prensa Evan Solomon, uno de los responsables de la investigación y coautor de un artículo en la revista Science Advances en el que se da cuenta de ésta.

Lubricante para placas. En la nota de prensa Solomon comparaba la estructura geológica con una mesa de hockey de aire. “Si la presión del fluido es alta, es como si el aire estuviera puesto, lo que significa que hay menos fricción y que las dos placas pueden resbalar. Si la presión es más baja, las dos placas se acoplan (ahí es cuando el estrés puede acumularse)”.

Y aquí es donde puede estar el problema. La fricción entre placas puede hacer que se acumule energía en las fallas. Cuando esta alcanza un punto de ruptura, la energía se libera causando un terremoto. Tratándose de una falla submarina, en este caso bien podría ir acompañado también de un maremoto o tsunami.

La falla está situada en el denominado “anillo de fuego del Pacífico”, la región de gran actividad sísmica y volcánica situada en la periferia del océano que le da nombre. Según los cálculos de los expertos, la falla  en esta zona de subducción podría acumular suficiente energía como para desatar un terremoto de magnitud nueve.

Un ojo en el oasis. Aun así, los expertos no consideran que el nuevo hallazgo implique aumento alguno del riesgo en la zona. Prevenir terremotos es una tarea difícil si no imposible, si acaso este accidente geológico podría darnos una pista en el futuro.

Si buena parte de los terremotos que experimentamos se deben a la acumulación de tensión entre dos placas tectónicas, conocer las dinámicas que llevan a estas megaestructuras geológicas a acumularla puede ser clave. Así, indagar en los niveles de presión de los fluidos geológicos podría abrirnos la llave de las alertas tempranas contra los terremotos, lo cual en un futuro podría implicar numerosas vidas salvadas.

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Imagen | Universidad de Washington

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